¿Qué es el Síndrome de Wolfram?
El Síndrome de Wolfram es una enfermedad genética rara, multisistémica y neurodegenerativa que puede afectar a diferentes órganos y sistemas del organismo. Es una enfermedad progresiva y compleja, cuya evolución puede ser muy diferente de una persona a otra.
Tradicionalmente, el Síndrome de Wolfram se ha descrito a través de cuatro manifestaciones principales: diabetes mellitus, diabetes insípida, atrofia óptica y sordera. De hecho, también recibe el nombre de DIDMOAD, un acrónimo formado por las iniciales en inglés de estas cuatro manifestaciones. Sin embargo, actualmente sabemos que el Síndrome de Wolfram es mucho más que la combinación de estos cuatro síntomas.
La diabetes mellitus suele ser una de las primeras manifestaciones de la enfermedad y aparece habitualmente durante la infancia o la adolescencia. Se trata generalmente de una diabetes no autoinmune que se produce como consecuencia de la pérdida progresiva de las células beta del páncreas, responsables de producir insulina.
Otra de las manifestaciones principales es la atrofia óptica, que provoca una degeneración progresiva del nervio óptico y, como consecuencia, una pérdida de visión que puede avanzar con el tiempo.
A lo largo de la evolución de la enfermedad pueden aparecer otras manifestaciones, como pérdida auditiva, diabetes insípida, alteraciones neurológicas, problemas de vejiga y vías urinarias, dificultades para tragar, alteraciones hormonales, trastornos del sueño y problemas psicológicos o psiquiátricos.
Por tanto, el Síndrome de Wolfram debe entenderse como una enfermedad que puede afectar de manera progresiva a diferentes sistemas del organismo, y no únicamente como una enfermedad relacionada con la diabetes y la visión. La afectación del sistema nervioso tiene además una especial importancia en la evolución de la enfermedad.
Actualmente no existe un tratamiento curativo ni un tratamiento modificador de la enfermedad aprobado. El tratamiento se centra principalmente en controlar las diferentes manifestaciones, prevenir complicaciones y mantener la mayor autonomía y calidad de vida posible.
Al mismo tiempo, la investigación científica está avanzando en el conocimiento de los mecanismos que provocan la enfermedad y en el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas. Entre ellas se encuentra la terapia génica, una de las líneas de investigación que genera mayores expectativas para el futuro.
¿Qué causa el Síndrome de Wolfram?
El Síndrome de Wolfram está causado principalmente por alteraciones en el gen WFS1, que contiene las instrucciones necesarias para producir una proteína denominada wolframina.
La wolframina se encuentra principalmente en el retículo endoplasmático de las células, una estructura esencial para su funcionamiento. Esta proteína participa en diferentes procesos celulares relacionados con el equilibrio y la supervivencia de las células. Tiene especial importancia en determinados tejidos, entre ellos las células beta del páncreas y diferentes células del sistema nervioso.
Cuando determinadas variantes patogénicas afectan al funcionamiento del gen WFS1, se producen alteraciones en estos procesos celulares. Con el tiempo, esto puede favorecer la pérdida progresiva de las células beta del páncreas y la degeneración de determinadas poblaciones neuronales.
En el Síndrome de Wolfram clásico relacionado con WFS1, la enfermedad suele aparecer cuando una persona presenta alteraciones patogénicas en las dos copias del gen. En estos casos, la enfermedad se hereda generalmente siguiendo un patrón autosómico recesivo.
Cuando ambos progenitores son portadores de una variante patogénica en WFS1, existe en cada embarazo un 25 % de probabilidad de que el hijo o hija herede las dos variantes y desarrolle la enfermedad, un 50 % de que herede una sola variante y sea portador y un 25 % de que no herede ninguna de las variantes familiares.
Sin embargo, el conocimiento actual sobre WFS1 es más amplio. Algunas variantes pueden estar relacionadas con formas más leves o de aparición más tardía y con otras enfermedades relacionadas con este gen. Por ello, encontrar una variante en WFS1 no significa necesariamente que la persona tenga el Síndrome de Wolfram clásico.
También existe una forma mucho menos frecuente de la enfermedad relacionada con el gen CISD2, conocida como Síndrome de Wolfram tipo 2.
Esta diversidad genética ayuda a explicar por qué las personas afectadas pueden presentar manifestaciones diferentes y por qué la evolución de la enfermedad no es igual en todos los casos.
El diagnóstico genético debe interpretarse siempre junto con la historia clínica y las manifestaciones de cada persona, preferiblemente por profesionales con experiencia en genética clínica y enfermedades raras.
Síntomas
El Síndrome de Wolfram puede afectar a diferentes órganos y sistemas y no todas las personas desarrollan las mismas manifestaciones. Además, los síntomas pueden aparecer a diferentes edades y evolucionar a velocidades distintas.
La diabetes mellitus suele ser uno de los primeros signos de la enfermedad. Habitualmente aparece durante la infancia o la adolescencia y se produce por la pérdida progresiva de la función de las células beta del páncreas. A diferencia de la diabetes tipo 1 autoinmune, no está provocada por un ataque del sistema inmunitario contra estas células y los autoanticuerpos característicos de la diabetes tipo 1 suelen estar ausentes.
La atrofia óptica constituye otra de las manifestaciones más características. Se produce como consecuencia de la degeneración progresiva del nervio óptico y puede provocar una disminución de la agudeza visual, alteraciones en la visión de los colores y pérdida progresiva del campo visual. La afectación suele ser bilateral y puede llegar a producir una discapacidad visual importante. El seguimiento oftalmológico permite controlar su evolución y facilitar el acceso a recursos de baja visión y ayudas ópticas o tecnológicas cuando sean necesarias.
La pérdida auditiva neurosensorial también es frecuente y puede aparecer a diferentes edades. Su evolución es variable y puede afectar de manera diferente a cada persona. La realización de controles audiológicos permite detectar precozmente cualquier cambio y valorar la utilización de audífonos u otras ayudas auditivas.
Otra posible manifestación es la diabetes insípida, que está relacionada con una alteración en la producción o liberación de vasopresina, también conocida como hormona antidiurética. Puede producir una sed excesiva y una producción abundante de orina, además de una necesidad frecuente de beber y orinar, incluso durante la noche.
La afectación neurológica es especialmente importante en el Síndrome de Wolfram. La enfermedad puede afectar progresivamente a diferentes estructuras del sistema nervioso y producir problemas de coordinación, equilibrio y marcha, ataxia, alteraciones de los movimientos oculares, neuropatía periférica, dificultades para hablar o problemas de deglución. También pueden aparecer alteraciones del sistema nervioso autónomo y, en determinadas personas, problemas respiratorios u otras manifestaciones neurológicas.
El aparato urinario puede verse afectado, especialmente a través de la aparición de una vejiga neurógena. Esta alteración puede dificultar el almacenamiento o el vaciado de la orina y provocar urgencia urinaria, aumento de la frecuencia de las micciones, incontinencia, dificultad para iniciar la micción, vaciado incompleto o infecciones urinarias recurrentes. Su detección y tratamiento son importantes para prevenir complicaciones y proteger la función de los riñones.
Las alteraciones de la deglución también pueden aparecer como consecuencia de la afectación neurológica. La disfagia puede dificultar la ingesta de alimentos, líquidos o medicamentos y aumentar el riesgo de atragantamientos o aspiraciones. Cuando aparece, es importante realizar una valoración especializada y establecer las medidas necesarias para garantizar una alimentación segura.
El Síndrome de Wolfram puede afectar además al sistema endocrino. Junto a la diabetes mellitus y la diabetes insípida, pueden aparecer alteraciones de la función tiroidea, de la pubertad o de otras hormonas. Por este motivo, el seguimiento endocrinológico debe abarcar más aspectos que el control de la glucosa.
La enfermedad también puede tener un impacto importante sobre la salud psicológica. Algunas personas pueden presentar ansiedad, depresión u otras alteraciones psicológicas o psiquiátricas a lo largo de la evolución de la enfermedad. Estas manifestaciones deben considerarse parte del abordaje integral del Síndrome de Wolfram y recibir atención profesional cuando sea necesario.
También se han descrito alteraciones del sueño, cambios en el sentido del olfato y del gusto, dificultades para regular la temperatura corporal, problemas gastrointestinales y otras manifestaciones. La presencia y gravedad de todas ellas es muy variable.
Por este motivo, no existe un único patrón de Síndrome de Wolfram. Cada persona puede experimentar la enfermedad de una manera diferente y necesita un seguimiento adaptado a sus propias necesidades.

Diagnóstico y test genético
El diagnóstico del Síndrome de Wolfram combina la valoración clínica con el estudio genético.
La sospecha suele aparecer especialmente cuando una persona desarrolla diabetes mellitus de aparición temprana junto con atrofia óptica. Sin embargo, actualmente se reconoce que la enfermedad puede presentar diferentes combinaciones de manifestaciones y que el diagnóstico debe considerarse también cuando aparecen otros signos compatibles.
La valoración médica comienza con una historia clínica detallada en la que se estudian la edad de aparición de los primeros síntomas, los antecedentes familiares y la presencia de manifestaciones endocrinas, visuales, auditivas, neurológicas o urinarias.
Dependiendo de cada persona, pueden realizarse estudios endocrinológicos, oftalmológicos, audiológicos, neurológicos y urológicos. Las pruebas oftalmológicas permiten valorar la función visual y la evolución del nervio óptico, mientras que las audiológicas permiten detectar y controlar la pérdida auditiva. La valoración neurológica es especialmente importante para identificar alteraciones de la coordinación, el equilibrio, la marcha, los movimientos oculares, la deglución o la función del sistema nervioso autónomo.
El estudio genético tiene un papel fundamental en la confirmación del diagnóstico. El gen que se estudia principalmente es WFS1, aunque en determinadas situaciones puede ser necesario analizar otros genes, incluido CISD2.
Dependiendo de las características clínicas y de los resultados iniciales, el análisis puede realizarse mediante diferentes técnicas genéticas, como la secuenciación de un gen concreto, paneles de genes relacionados con enfermedades raras o estudios genéticos más amplios.
Es importante tener en cuenta que no todas las variantes identificadas en WFS1 tienen necesariamente el mismo significado clínico. Por eso, el resultado debe ser interpretado por profesionales especializados y siempre en relación con las características clínicas de la persona.
Disponer de un diagnóstico genético confirmado permite no solo aclarar el origen de la enfermedad, sino también orientar el seguimiento médico, identificar posibles manifestaciones que todavía no hayan aparecido, estudiar a determinados familiares y ofrecer asesoramiento genético.
Además, el diagnóstico molecular puede facilitar la participación en determinados estudios de investigación y ensayos clínicos, algo especialmente relevante en una enfermedad rara como el Síndrome de Wolfram.
Seguimiento recomendado
El Síndrome de Wolfram requiere un seguimiento médico continuado y coordinado. Debido a que puede afectar a diferentes órganos y sistemas, no es suficiente con controlar únicamente la diabetes o la visión.
El objetivo del seguimiento es detectar precozmente nuevas manifestaciones, controlar las que ya están presentes, prevenir complicaciones y mantener la mayor autonomía y calidad de vida posible.
La atención debe ser multidisciplinar y adaptarse a las necesidades de cada persona. La frecuencia de las revisiones no tiene que ser exactamente la misma para todos los pacientes, ya que dependerá de la edad, los síntomas presentes y la evolución de la enfermedad.
El seguimiento endocrinológico tiene un papel fundamental. Además del control de la diabetes mellitus y del tratamiento con insulina, debe vigilarse la posible aparición de diabetes insípida y otras alteraciones hormonales, como problemas de tiroides o alteraciones relacionadas con el desarrollo y la función gonadal. También deben realizarse los controles habituales destinados a detectar complicaciones relacionadas con la diabetes.
La valoración oftalmológica debe realizarse de forma periódica para controlar la evolución de la atrofia óptica. El seguimiento permite valorar la agudeza visual, la visión de los colores, el campo visual y el estado del nervio óptico, pudiendo utilizarse pruebas como la tomografía de coherencia óptica. También es importante detectar las necesidades de ayudas de baja visión para que la persona pueda mantener el máximo grado posible de autonomía.
La audición debe revisarse periódicamente mediante controles audiológicos. Cuando existe pérdida auditiva, es importante valorar cuanto antes las ayudas disponibles y realizar los ajustes necesarios para favorecer la comunicación y evitar que la pérdida auditiva tenga un impacto añadido sobre la vida cotidiana.
El seguimiento neurológico adquiere una importancia especial a medida que avanza la enfermedad. Debe prestarse atención a posibles cambios en el equilibrio, la coordinación, la marcha, los movimientos oculares, la sensibilidad, el habla y la deglución. También deben valorarse otros posibles signos de afectación neurológica y del sistema nervioso autónomo. La aparición de nuevos síntomas debe comunicarse al equipo médico, aunque todavía no corresponda a una revisión programada.
La función de la vejiga y del aparato urinario también necesita vigilancia. Cuando aparecen síntomas como urgencia urinaria, incontinencia, dificultad para vaciar la vejiga o infecciones urinarias recurrentes, puede ser necesaria una valoración urológica. El objetivo es evitar que una alteración de la vejiga pueda terminar afectando a las vías urinarias o a la función renal.
Los problemas de deglución y habla requieren una atención específica. Es importante preguntar de forma periódica por atragantamientos, tos al comer o beber, dificultad para tragar, cambios en la voz o dificultades para hablar. Cuando existe disfagia, la valoración por logopedia y otros profesionales especializados puede ayudar a establecer estrategias para conseguir una alimentación más segura.
La fisioterapia y la rehabilitación pueden desempeñar también un papel importante. El trabajo sobre el equilibrio, la movilidad, la marcha y la prevención de caídas puede ayudar a mantener la autonomía durante más tiempo. En determinadas situaciones, la terapia ocupacional puede contribuir a adaptar las actividades de la vida diaria y el entorno a las necesidades de cada persona.
La salud mental debe formar parte igualmente del seguimiento. Vivir con una enfermedad genética rara, progresiva y con posibles pérdidas sensoriales y neurológicas puede tener un impacto importante sobre la persona y su familia. La detección de síntomas de ansiedad, depresión u otras alteraciones psicológicas permite ofrecer apoyo profesional cuando sea necesario.
También debe prestarse atención al estado nutricional, especialmente cuando existen dificultades para tragar, pérdida de peso, problemas gastrointestinales o cambios importantes en la alimentación. En estos casos puede ser necesaria la intervención de profesionales especializados en nutrición y disfagia.
En niños y adolescentes es especialmente importante controlar el crecimiento y el desarrollo puberal, además de prestar atención a las necesidades educativas, emocionales y sociales. La transición de la atención pediátrica a la atención de adultos debe planificarse de manera coordinada para evitar interrupciones en el seguimiento.
Por último, el asesoramiento genético debe formar parte de la atención de las personas con Síndrome de Wolfram y sus familias. Una vez identificadas las variantes responsables de la enfermedad, puede valorarse el estudio de otros familiares y ofrecer información sobre el riesgo de transmisión y las diferentes opciones reproductivas.
En definitiva, el seguimiento del Síndrome de Wolfram debe entenderse como un proceso continuo y coordinado. No se trata de realizar todas las pruebas posibles a todas las personas, sino de conocer las posibles complicaciones de la enfermedad para poder detectarlas cuanto antes y actuar cuando sea necesario.
Tratamiento
Actualmente no existe un tratamiento que cure el Síndrome de Wolfram ni un tratamiento modificador de la enfermedad aprobado.
El tratamiento disponible está dirigido principalmente a controlar las diferentes manifestaciones y prevenir sus complicaciones. El manejo de la diabetes mellitus requiere habitualmente tratamiento con insulina, mientras que la diabetes insípida puede necesitar tratamiento específico cuando aparece.
Las alteraciones visuales y auditivas pueden requerir ayudas específicas, como dispositivos para baja visión, audífonos y otras tecnologías de apoyo. Las alteraciones urinarias pueden necesitar tratamiento urológico y, en determinados casos, medidas específicas para favorecer el correcto vaciado de la vejiga.
La fisioterapia, la rehabilitación y la terapia ocupacional pueden ayudar a conservar la movilidad y la autonomía. Cuando existen problemas de habla o deglución, la intervención de logopedia puede ser fundamental. Del mismo modo, la atención psicológica y psiquiátrica debe estar disponible cuando sea necesaria.
El tratamiento debe ser individualizado y coordinado entre los diferentes profesionales que participan en la atención de la persona.
Investigación y esperanza de futuro
Aunque actualmente no existe una cura para el Síndrome de Wolfram, la investigación científica está permitiendo comprender cada vez mejor los mecanismos responsables de la enfermedad.
Los investigadores estudian cómo las alteraciones de la wolframina afectan al funcionamiento de las células y cómo estos cambios pueden provocar la pérdida progresiva de las células beta del páncreas y de determinadas poblaciones neuronales.
El objetivo de la investigación no es únicamente tratar los síntomas, sino encontrar estrategias capaces de actuar sobre los mecanismos que originan la enfermedad y, en el futuro, conseguir detener o ralentizar su progresión.
Una de las líneas de investigación que genera mayores expectativas es la terapia génica. Esta estrategia pretende introducir una copia funcional del gen afectado en las células para intentar recuperar su funcionamiento y evitar su degeneración.
En España, desde AFASW estamos firmemente comprometidos con el impulso de la investigación como una de las principales vías para cambiar el futuro de las personas afectadas por el Síndrome de Wolfram. Por ello, desde 2021 apoyamos el desarrollo de una línea de investigación en Terapia Génica para el Síndrome de Wolfram, llevada a cabo por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona.
Durante estos años, nuestro compromiso ha sido contribuir a que esta investigación avance y acercarnos, paso a paso, a un objetivo que para las familias es fundamental: encontrar un tratamiento capaz de actuar sobre la causa de la enfermedad, frenar su progresión y mejorar la vida de las personas afectadas por el Síndrome de Wolfram.
Vivir con Síndrome de Wolfram
Recibir un diagnóstico de Síndrome de Wolfram puede generar muchas preguntas, incertidumbre y miedo. Sin embargo, conocer la enfermedad y realizar un seguimiento adecuado permite anticiparse a muchas de sus posibles complicaciones y adoptar las medidas necesarias para mantener la mejor calidad de vida posible.
Es importante recordar que el Síndrome de Wolfram no evoluciona de la misma manera en todas las personas. Tener un diagnóstico no significa que necesariamente vayan a aparecer todas las manifestaciones descritas ni que lo hagan con la misma intensidad.
El seguimiento médico, el acceso a profesionales especializados, la rehabilitación, las ayudas técnicas, el apoyo psicológico y el acompañamiento de otras familias pueden marcar una diferencia importante en el día a día.
Desde AFASW trabajamos para que las personas afectadas por el Síndrome de Wolfram y sus familias tengan acceso a información fiable, atención especializada, apoyo y recursos, pero también para impulsar la investigación que permita que algún día podamos hablar de un futuro diferente para esta enfermedad.
Importante
La información recogida en esta página tiene carácter informativo y divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario.
Las pruebas, tratamientos y frecuencia de las revisiones deben determinarse de forma individualizada por el equipo médico responsable de cada persona.
El conocimiento científico sobre el Síndrome de Wolfram continúa evolucionando. Por ello, las recomendaciones pueden actualizarse a medida que se disponga de nueva evidencia científica.
La Dra. Assumpció Bosch Merino, Catedrática del Departamento de Bioquímica y Biologia Molecular de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), explica el proyecto de Terapia Génica para el Síndrome de Wolfram.
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Ayudas técnicas
Se llaman ayudas técnicas a todos los utensilios o instrumentos que promueven una mejor calidad de vida para las personas con discapacidad, como sillas de ruedas, ayudas para caminar, prótesis, etc. Están destinados a personas que tienen un rendimiento limitado en algunas actividades en algún momento de su vida o de forma permanente y en general ofrecen una mejor calidad de vida.
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